El auge de la inteligencia artificial física, impulsado por empresas líderes como Nvidia, nos presenta un futuro donde los robots humanoides realizarán tareas complejas, imitando la destreza y adaptabilidad humanas. Hemos visto demostraciones impresionantes de estos robots guardando platos o ensamblando automóviles, sugiriendo que la automatización tradicional, con sus brazos robóticos especializados, está quedando obsoleta. Sin embargo, detrás de esta imagen futurista se esconde una realidad menos brillante: la falta de transparencia sobre el trabajo humano esencial para el desarrollo y funcionamiento de estos robots. Jensen Huang, CEO de Nvidia, ha proclamado en repetidas ocasiones que estamos entrando en la era de la IA física, una era donde la inteligencia artificial trasciende el ámbito del lenguaje y los chatbots para manifestarse en máquinas con capacidades físicas reales. Esta visión, aunque prometedora, plantea interrogantes importantes sobre el papel de los humanos en este nuevo paradigma tecnológico. La clave del problema reside en la opacidad que rodea el entrenamiento y la operación de estos robots. El público general, al ver demostraciones espectaculares, puede llegar a una conclusión errónea sobre las capacidades reales de la tecnología. Se tiende a pensar que los robots actúan de forma autónoma, cuando en realidad, detrás de cada movimiento, hay un equipo de personas que los programan, los supervisan y, en muchos casos, los controlan remotamente. Esta falta de transparencia no solo genera expectativas poco realistas, sino que también oculta las nuevas formas de trabajo que están surgiendo alrededor de la robótica. ¿Quiénes son estas personas que entrenan a los robots? ¿En qué condiciones trabajan? ¿Están siendo adecuadamente remuneradas por su labor? Estas son preguntas cruciales que deben ser respondidas para evitar la creación de nuevas formas de explotación laboral en el sector tecnológico. La inteligencia artificial física tiene un enorme potencial para transformar nuestras vidas, pero es fundamental que su desarrollo se realice de manera ética y transparente. Debemos asegurarnos de que el trabajo humano involucrado en la creación y operación de estos robots sea reconocido y valorado, y que se evite la creación de nuevas formas de desigualdad y precariedad laboral. La discusión sobre el futuro de la robótica debe incluir un análisis profundo del impacto social y económico de esta tecnología, y debe involucrar a todos los actores relevantes, desde las empresas tecnológicas hasta los trabajadores y los representantes de la sociedad civil.