En el mundo de la política y la tecnología, el Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología del Presidente (PCAST) suele mantenerse en un discreto segundo plano. Generalmente, solo atrae la atención cuando surgen problemas, como ocurrió cuando el jefe del PCAST nombrado por Biden se vio obligado a dimitir debido a un comportamiento inapropiado. Incluso la administración Biden, generalmente favorable a la ciencia, tardó ocho meses en nombrar a los miembros de este consejo tras su toma de posesión. No sorprende, por tanto, que una administración que ha mostrado hostilidad hacia la ciencia haya tardado aún más en formar su propia versión del grupo.

La lista de nombramientos se hizo pública este miércoles, y destaca por la casi total ausencia de científicos. Aún quedan nueve vacantes sin cubrir en el consejo, por lo que es posible que se nombren más científicos en el futuro. Sin embargo, por ahora, el PCAST se inclina fuertemente hacia figuras del sector tecnológico extremadamente ricas y poderosas. Entre ellos figuran inversores de renombre, fundadores de gigantes tecnológicos y directores ejecutivos de algunas de las empresas más influyentes del mundo.

Entre los nombres más destacados se encuentran figuras como Marc Andreessen, un inversor de capital riesgo conocido por sus inversiones en empresas tecnológicas de vanguardia; Sergey Brin, cofundador de Google, una empresa que ha transformado la forma en que accedemos a la información y nos comunicamos; Michael Dell, fundador de Dell Technologies, un líder en la industria de la computación personal; Larry Ellison, fundador de Oracle, una empresa de software empresarial de renombre mundial; Jensen Huang, director ejecutivo de NVIDIA, una empresa que impulsa la innovación en gráficos y computación acelerada; Lisa Su, directora ejecutiva de AMD, una empresa que compite con Intel en el mercado de procesadores; y Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta (anteriormente Facebook), una empresa que ha conectado a miles de millones de personas en todo el mundo.

La composición del nuevo PCAST ha generado controversia y debate. Si bien estas figuras tecnológicas tienen una gran experiencia en el mundo empresarial y una profunda comprensión de las últimas tendencias tecnológicas, su falta de formación científica formal ha suscitado dudas sobre su capacidad para asesorar al presidente en temas complejos relacionados con la ciencia y la tecnología. Algunos críticos argumentan que la presencia dominante de figuras del sector tecnológico podría conducir a una priorización de los intereses empresariales sobre los intereses científicos, lo que podría tener consecuencias negativas para la investigación científica y el desarrollo tecnológico a largo plazo.

Queda por ver cómo afectará esta nueva composición del PCAST a la política científica y tecnológica de la administración Trump. Sin embargo, está claro que la ausencia de científicos en el consejo plantea interrogantes importantes sobre las prioridades de la administración y su compromiso con la ciencia y la innovación. El futuro de la ciencia y la tecnología en Estados Unidos podría verse influenciado por las decisiones de este grupo, por lo que es crucial seguir de cerca su trabajo y su impacto. La esperanza reside en que, a pesar de la falta de científicos nombrados hasta el momento, se incorporen voces expertas que equilibren la balanza y aseguren que las decisiones se basen en evidencia científica sólida y en el mejor interés del país.